17 de febrero de 2012

Anti compasión

Es tan fácil. Es tan frágil. Capaz de acabar en un solo segundo con todo lo que nos costó decenios construir. Sol y sombra que bate un deseo consumible. 
Días húmedos que empapan los suspiros con lágrimas de autocompasión. 
Añoranza de una vida que nunca fue nuestra, que nunca fue de nadie más que de quien la repudió. 
Un problema que radica en la falta de voluntad y el exceso de pensamientos.
Un volante, un embrague que le guían por entre los árboles. No piensa en el recorrido. Su subconsciente le guía como un espíritu de madrugada. Dónde quedaron las horas cálidas de Mayo. Los pasos rápidos en Septiembre. La lluvia de Otoño. Ahora un frío árido congela sus mejillas mientras sigue conduciendo.
Pensando en una ciudad que no es la suya, una rutina que nunca llegó a conocer. Y su estupidez innata le hace sentir nostalgia por esa vida, que, piensa, alguien debe llevar al otro lado del mundo, en ese continente que le llama y no responde.
Alguien. Ese alguien en un mismo meridiano, vive entre suspiros por cambiar su abarrotada agenda por una vida tranquila entre unos árboles, durmiendo en ese coche destartalado que nunca amanece sin escarcha.

Vivimos entre errores que provocan una desdicha incierta. Un infierno interno que no ayuda a más que a sumirnos más hondo en la pasividad. ¿Por qué? Dónde nacen las aspiraciones y cuándo las abandonamos en la cuneta, desalentados por la espera y los golpes de certeza.
Nadie es más desdichado que quien así se califica a sí mismo. Infeliz por la autocompasión , por no sentir que desde la oscuridad no quedan más que colores pastel para pintar un futuro de profundidad.
Que la felicidad no es más que el sentimiento de respirar. Y de ahí, del uno, al infinito.



9 de enero de 2012

la costumbre de las lágrimas.

Se sienta a pensar en los largos años que le esperan en el mundo. En los días que ya han pasado por su piel. Sólo los dos acordes de "Philosopher" le estremecen el alma. No le gusta hablar de las lágrimas que se le escapan cuando nadie la ve, pero la pena la sacude de pies a cabeza y ya no hay escapatoria.
Su abuela solía decirle que llorara hasta desahogarse, que las lágrimas son pedacitos de lluvia que se quedan atrancados en las retinas y hasta que no los soltamos todos no podemos ver que ya es de día.
Por aquellos tiempos de pueblo y nocilla los chaparrones le asediaban muy a menudo. Una caída en el parque. Una pelea en el recreo. Un examen sorpresa. 
Se sonríe hacia dentro, para ella misma, mientras las primera gotas se precipitan desde sus pestañas. "No es más que agua salada, llora sin miedo", escucha en su cabeza, mientras recuerda todas aquellas veces en que el suelo de la cocina había albergado sus lágrimas y frustraciones.
No hay razón que la perturbe. No hay problema mayor que no pueda superar.No hay pelea, discusión. No hay amenaza, miedo o delito. Pero encuentra en el llanto el desahogo a esa opresión que, cuando se apagan las calles y se encienden las estrellas, no la deja respirar. 
Es la soledad. O la nostalgia. Quizás la incertidumbre. O las desgracias ajenas. Es el reloj. Los minutos que la traspasan lentamente. O demasiado rápido. Es la fugacidad. El tiempo. La vida.
Y mientras llena lagos salados, se pregunta qué hace ella aquí. Si esta vida es la que estaba planeada para ella. Si ha sido capaz de elegir tan torpemente su suerte. Si existe realmente la muerte.
Si alguien la echará en falta cuando mañana coja ese tren con destino incierto hacia ninguna parte.




29 de diciembre de 2011

la playa

Me sumerjo y me camuflo entre las pequeñas gotas que conforman este todo en mi bañera. Intento trasladar y cuerpo y mi mente a algún otro lugar, donde los rayos del sol filtran mis pesares y no hay más lamento que el de la brisa al atardecer. Quiero quedarme ahí. Intento con todas mis fuerzas permanecer bajo el agua en ese paraje sin horas ni monumentos. Pero me falta el aire y los músculos me fallan. Y llego a la superficie. No de esa playa en mi pensamiento. Llego a la superficie de todo lo que me llena por dentro. De este cuerpo colmado de indecisiones e inseguridades, e intento descifrar qué hay ahí abajo. En el fondo de mis miedos, de mi misma. Qué me hace nadar y nadar incesantemente sin saber hacia dónde dirigirme. Si es el miedo de anclarme al fondo, si es la prisa por llegar a la siguiente isla. Si es cosa de todos nosotros, lo de no poder permanecer estáticos por mucho tiempo.

Estoy nadando dentro de mi misma, en una playa paradisíaca, en un océano de interrogantes, en una vida que, por mucho que algunos piensen, no tiene principio ni final, en un mundo que ni siquiera sabemos si existe, o todo esto no es más que un sueño.


9 de diciembre de 2011

la pequeña esperanza.

me siento a escribir y me palpitan las sienes. los dedos se adormecen, los pies se me congelan. creo que hoy necesitaré más de dos infusiones para conciliar el sueño y un beso en la frente de los que hacen cosquillas al esfumarse. porque aunque me cubra con tres edredones y mi cuerpo parezca un ovillo de lana seca, el frío seguirá aquí. definiendo mis contornos, desarropándome el espíritu. un espíritu que ya no sufre de desasosiego porque te tiene cerca, pero no lo suficiente como para sentirse cobijado.
a día de hoy, la certeza de una firme necesidad es más que una realidad. es un hecho que sólo yo he podido desenmascarar. pero los sentimientos se transforman con la rapidez de un bostezo y la torpeza de un estornudo. ahora saltan chispas y mañana no alumbramos. y no hay precaución que valga para ello, más que disfrutar de los días cálidos como si efectivamente el mañana fuera a separarnos. 


15 de noviembre de 2011

algo de pasión


algo en su mirada me ofreció la pista irrefutable de catástrofe palpable. 
algo en sus palabras me hizo pensar que la perdía, que ella se desvanecía entre las sombras de lo que un día fue su gran reinado y no había modo de salvarla de su propia quema. 
ardían las llamas de lo que un día fue su fuego interno, su pasión por las pasiones más mundanas, su propia luz. 
el resplandor de sus pupilas me llevó al peor presentimiento y no pude evitar el rubor por mi impotencia, la lluvia de lágrimas salinas precipitándose hacia mis mejillas, fundiéndose con mis colores, descubriendo mi vulnerabilidad, mi miedo, mi dependencia por esa pequeña mujer con huesos de cristal y tacto de hojalata.
lágrima a lágrima se inundaba mi esperanza. 
lágrima a lágrima, canalizada hacia el humor de su perdición. 
lágrima a lágrima empezó a apagarse el fuego que me la robaba. el calor que nos separaba; y cuando las cenizas se esparcieron por el aire, yo corrí a apretarla entre mis brazos, a inhalar su olor a lluvia seca, a  calmar su desazón. 
y entonces me di cuenta de que no era el miedo, sino todo el amor que nos unía, el que había roto el dique de mis apariencias y había obrado lo que nada más que un alma triste podía imaginar como un final alternativo.




10 de noviembre de 2011

separación número tres

Me habría gustado despedirme de él en condiciones. Como esas madres de pueblo que lloran desconsoladamente la partida de sus hijos a la ciudad en busca de prosperidad y formación. Un llanto de añoranza y orgullo, acompañado de cientos de tuppers con los más suculentos platos caseros, cajas cargadas de edredones y cojines, y unos cuantos billetes para imprevistos o emergencias.
Me habría gustado derramar unas lágrimas de desconsuelo mientras se daba la vuelta y subía los tres peldaños que separaban nuestra vida en común de un futuro incierto. Habría querido tener tiempo de llenarle cientos de cajas de besos variados, y dibujarle unos cuantos abrazos en un libro de recetas, pero el tiempo y la urgencia sólo me alcanzaron para meterle algunos en los bolsillos del abrigo y pintarrajear otros pocos sobre sus mejillas. Habría deseado tener dinero para comprarle al menos un billete de vuelta, en caso de emergencia, por si nuestro amor se quebrantaba hasta el punto que sólo un abrazo de elefante pudiera volver a sellar los días azules. Pero todo ocurrió tan súbitamente, que una espiral de impaciencia se instaló en lo más profundo de mi garganta y mis deseos no alcanzaron a escapar de las palabras. Mi mueca se torció levemente, y ya no fui capaz de desfruncir mis labios, ni tan siquiera un sorbo del café más amargo del bar de la estación consiguió hacerme entrar en consciencia. 
Él habría de pensar en mi venganza por su abandono esporádico e intempestivo, una silenciosa agresión sentimental por romper el vínculo que nos unía a menos de tres kilómetros de distancia.
Pero lo cierto es que no hubo nada más allá que tristeza en mi gesto impasible, amor incondicional en mi seriedad, eterna espera en mi mirada.
Y aunque aún yo no lo supiera, pronto esos tres kilómetros transformados en peldaños tardarían más de tres años en volvernos a reunir.



8 de noviembre de 2011

verdades a voces


abstraída en este repentino equilibrio que mi universo parece alcanzar. rito cotidiano carente de malicia o intención turbia y desatada. costumbre impuesta a perturbaciones cíclicas vitales, alteraciones esporádicas de personalidad, inconformismos gratuitos. ya no se manifiestan dichas argucias. mi intelecto ha cesado en su lucha contra mi pluriactitud desaforada. todo el desequilibrio que me caracteriza, que me inspira, que inunda mis párpados y humedece mis mejillas, que me hace sentir viva e indignada. se ha esfumado. 
qué hacer ahora con este inherente inconformismo que me grita desde lo más profundo que necesito un traspiés, una desgracia, un vuelco de espíritu y estadio. que necesito algo que me recuerde que sigo viva y luchando contra mi misma. yo misma contra el resto del mundo. que soy un todo polivalente.

y bien, me dispongo a abrir la caja de Pandora una vez más, sin preaviso pero en plena deliberación, y esta vez no me veré colapsada por el miedo, inmersa en burdas creencias paganas. 
por una vez abriré el ánfora que contiene todas nuestras banalidades desde la perspectiva de la contribución social. ya no por propia desesperación, sino por la necesidad de desentrañar los más oscuros secretos del inconformismo característico de la raza humana. las razones por las cuales no nos hace felices todo aquello que deseamos sino aquello que podemos llegar a valorar desde la perspectiva de la etérea dicha dominante.
por una vez no me veo en la necesidad de desahogar mi angustia en un mal mayor. egoísmos mundanos aparte.
lo único que necesito es comprender por qué, en este mismo instante de mi vida, rodeada de todo de lo que llevo una larga temporada disfrutando, me encuentro bien, estoy agusto, me defino en el rumbo adecuado, concilio el sueño  habitualmente, soy feliz. Por qué ahora. por qué no hace un año cuando estaba exactamente en el mismo punto. por qué no podemos ser felices cuando nos lo proponemos sino cuando nuestras propias hormonas así lo deciden. por qué no puedo garantizar que, ceteris paribus, mi felicidad no se esfumará como el humo de un cigarrillo de entre los labios de aquel que deja de fumar en unas semanas.
por qué la felicidad no es una elección propia sino implícita. por qué la realidad me azota en los momentos de mayor plenitud, colocándome al borde del abismo de la autosuperación y la desdicha.

porque lo único coherente que alcanzo a interpretar de todo esto, es que los humanos somos profundamente gilipollas.



7 de noviembre de 2011

una casuística preferencia

dos viernes al mes, ansiaba disiparse entre el gentío, sentir sus cuerpos cálidos azotando su soledad y sus alientos veloces recorriendo su tristeza. 
apenas dos veces al mes recorría las calles de ese pequeño mercado buscando entre las sombras un alma que consiguiera completar el vacío que le contraía el corazón y le apagaba la ilusión desde que ella partió rumbo a las montañas. 
puede que esa fuera la razón de su odio consumado a todo tipo de promontorio, de su vértigo, de su miedo a las alturas. puede que los vientos fríos le revolvieran los recuerdos, y por ello necesitara el cobijo de almas errantes los viernes de partida, de pérdida y separación.
puede que fuera el desarraigo que ella causó en sus sentidos, ese aturdimiento inesperado, ese golpe de desgracia. puede que fuera la desesperanza de pensar en todo lo que un día tuvo entre sus dedos, todo aquello que de un día para el siguiente tornó tosco e incierto y se volvió espeso como el humo de medianoche.
puede que, simplemente, ella se marchara con todo el amor que un día él fue capaz de promulgar, y más que quebrado por la pérdida de su propia proyección, cayó ahogado en el vacío más inmenso que jamás pudo imaginar. un abismo donde su soledad sin desgracia no era nada comparada con esa cruel eternidad sin volver a ver sus ojos. 
toda la reticencia que su innata desconfianza le había inculcado, acabó jactándose de su debilidad, recordándole el craso error que cometió abriéndose ante una completa desconocida, permitiendo que la palabra dependencia se abriera paso en su vocabulario.
teórico arrepentimiento que jamás llegó a cruzar sus pensamientos, pues hasta donde su espíritu alcanzaba a ponderar, todo el amor que ella le prestó sería suficiente para sobrevivir los días de lluvia sin paraguas y no vivir con la infranqueable duda de haber conocido al amor de todas sus vidas. un amor que le cosió las pestañas de debilidad e hizo crecer en sus palabras un halo de equilibrio, una escapatoria a los días grises que su personalidad sombría había labrado irremediablemente por su cuenta.







pues el dolor abrió puertas y moderó tempestades. rompió miedos y prejuicios, le hizo caer en pensamientos constructivos, y convirtió su espíritu en algo digno de vida y reencarnación, más allá de la unitaria soledad a la que él mismo se había desterrado por mecánica.



2 de noviembre de 2011

carne trémula viviente

Hoy me pregunto cuántas vidas nos quedan por delante. Cuántas vidas se necesitan para conseguir acceder a la claridad del equilibrio dinámico existencial. Cuántas veces hemos de descender rodando por la montaña de nuestras debilidades y carencias, cuántas hemos de intentar detener la hemorragia de nuestras heridas cambiantes. Cuántas hemos de caer rendidos ante nuestro propio remordimiento, cobijados por el calor de nuestra soledad, para comprender que "no hay nada más que nada, más allá de todo" lo que podemos desear.
Aún hoy me pregunto cuándo empezaremos a comprender que la fugacidad de nuestros días motiva la intensidad de nuestras creencias. Cuándo intentaremos dejar de potenciar la longevidad de algo que surgió para ser etéreo y circunstancial, para no ser más importante que cualquier otro miembro del mismo conjunto equivalente. La relatividad de nuestra mente nos traiciona, nos vuelve infelices y nos da razones para idear universos paralelos donde no se sufre y el alcohol nunca se acaba. Condiciones infrahumanas para carne trémula viviente. Ilógicas resoluciones disfrazadas de teorías relevantes. Me pregunto cuántas más generaciones de ingenuos crédulos han de suceder para dar con la solución a la eterna duda de la humanidad, sobre quién demonios somos, y por qué nos creemos tan importantes como para hacer lo que nos de la gana con todo lo que encontramos a nuestro paso.
Hoy me pregunto, cuándo nos daremos cuenta de que la vida es demasiado corta como para sumirnos en desdichas desafortunadas, y demasiado dura como para hacerle la existencia más difícil a cualquier otro.


31 de octubre de 2011

de un tiempo a acá

se me han acabado los adjetivos que describen tu apariencia. me he quedado sin motivos para escribir las bondades de tus dedos y la calma de tu experiencia. solía pasar noches en vela fantaseando con vidas paralelas, transitorias, divergentes y aceleradas. solía confundir mis pensamientos con la causa de tus debilidades y la fuerza de tus hazañas. solía acabar perdida en callejones solitarios, allá donde los radios de mi bicicleta me permitieran hacer parada de recambio, con almas errantes cruzando las aceras y los pies fríos pedaleando hacia tu recuerdo. eran tiempos de casa y marea, de viento y aviones de papel. tiempos de cruzar continentes jugando al escondite. ahora me basta con conducir tres kilómetros de memoria y pulsar un botón plateado para tenerte frente a frente. carente de urgencia, fuera de mando.
solía creer que cuando se acabaran nuestros juegos moriría la pasión que enciende mi sonrisa las mañanas que amanezco entre tus brazos. solía creer que la monotonía se colaría en los fogones para hervir nuestra paciencia, diluir nuestra presencia y acabar con el presente. pero me ha crecido una perspectiva en las pestañas que me hace apoderarme de todas las visiones de futuro. un optimismo renovado que se cuela en mi vocabulario y no me permite más que recordarte que solo me quedan pupilas para tus besos y una maraña de ropa esperando a que la empaques hacia cualquier rincón del mundo, volviendo a las tinieblas de la compañía nocturna, sabiendo que nada más que contigo se puede jugar a ser el rey del mundo.


24 de octubre de 2011

viejas costumbres

Solía acurrucarme entre sus huesos y no pensar demasiado en el futuro. Largo letargo de corazones fríos. Atrapados en un fuerte de sábanas amarillas, dejábamos pasar las horas entre las persianas hasta que la piel se nos dibujara entre sonrisas.
Solía conformarme con el perfume de su pelo los días de lluvia, o sus manos cálidas de madrugada, pero nada superaba los límites de mi imaginación cuando se acababan las palabras. Era como asistir a un espectáculo divergente que cada día elevaba mi ánimo hasta el infinito o lo hundía bajo los peldaños de nuestra relación.
Creo que siempre fue problema mío. Un don natural para la tragedia humana, una alegoría al entusiasmo embriagador; a una escala prácticamente imposible de determinar.
Solía meterse en mi jersey y no salir de él hasta que la urgencia le mordía con llamadas desafortunadas. Entonces yo salía a la caza y captura de mi furia, con el fin de apedrear cualquier viandante que se cruzara por mi lado. Mentalmente, claro. Pero mi violencia era tal que yo misma me asombraba de mi supervivencia social. Agudos gritos, ahogo vital. Solía hundirme en este pozo de tal modo que sólo sus brazos acertaban a llegar en el momento oportuno, y enjugaban mis lágrimas con la paciencia de quién nunca dejó de estar ahí. La presencia de unos huesos que sustentaban mi desequilibrio, y eran fuente de demencia psicótica cada víspera dominical.


21 de octubre de 2011

este rumbo incierto

Todos mis músculos entumecidos. Colapsados por el pánico que provoca el simple hecho de pensar en la obsesión del universo; esa generalizada obsesión por tomar las decisiones más constructivas y tener todo bajo control.
La dichosa costumbre extendida de escoger caminos que nos lleven a algún punto, estado, alguna situación.
Paralizada en medio de una ruta sin destino cierto; paralizada por mi propia voluntad.
Paralizada por que escogí esta carretera sin la menor intención de recorrerla entera, de inicio a fin.
Porque estaba -y aún lo sigo estando- dispuesta a recorrer estos kilómetros con la incógnita de no saber hacia dónde me llevan. Sumida en mis pensamientos, que no se atreven a alejarse más de tres pasos de mi cuerpo, que me ruegan que vuelva cierta la fantasía y nunca deje de no escoger.
Paralizada en este dinámico movimiento que me hace sumar -aunque no se si avanzar- vivencias en el cuentakilómetros.
Yo la certeza se la dejo a los realistas.

2 de septiembre de 2011

abandono compulsivo

Puede que fueran sus huesos cansados y doloridos que tiraban de su alma y la arrastraban hacia un abismo inesperado. Puede que fuera la vorágine de sentimientos alterando su seguridad. El cambio, el miedo a la estabilidad. 
Se había acostumbrado a encajar todas sus pertenencias en esa pesada mochila de mano. Se había hecho a abandonar lo prescindible al final de cada tramo, a desprenderse de lo que un día le fue útil en cada estación. Todos esos libros releídos y subrayados, esos jerseys agujereados que ya no resguardaban más del frío. Aquel paraguas raído, aquellos zapatos con las suelas desgastadas. Poco a poco todo lo que tenía necesitaba ser repuesto. Para empezar con buen pie la nueva etapa, para pasar de temporada a temporada con la ligereza necesaria. 
Pensó en esa pequeña regla propia, universal. Y decidió abandonar la idea de lo imprescindible para nunca jamás tener que lamentar ninguna pérdida.
Así, sin darle mayor importancia, extrapoló esa pequeña idea a cada aspecto de su vida, a cada momento pasajero, a cada sentimiento oculto.
No era independencia. Más bien rechazo al lamento y sufrimiento, erradicando de raíz lo que consideraba que algún día podría traerle desdichas.
Pero lamentablemente no hay verdades universales. Ni bondad en los extremos. Y tanta prescindencia absoluta la atrapó por completo, y cuando quiso darse cuenta, ya se había abandonado a sí misma, a sí misma y a todos los que un día dieron un centavo por ella. 
Quedando esparcidas por el camino las bonitas historias que en los días de carisma le enseñaron a amar todo en este mundo, pero nada ni a nadie en particular.


27 de agosto de 2011

inevitable debilidad

se ha debilitado. todo lo que ayer me dio la fuerza para patear la mediocridad del día a día.
sube por mi garganta, a mis lagrimales, desde lo profundo del estómago, de mis sentimientos asentados con firmeza. desgarra mis mejillas, contrae mis labios y nubla mi vista. me aterra. el pánico de las imágenes que sobrevuelan mis retinas para no quedarse, para desvirtuar lo idealizado de otra vida divergente.
visión retrospectiva. carretera de única dirección que me impide volver, que me tortura con una única panorámica, un idilio que se desvanece con los kilómetros sin marcha atrás.
se debilita. se debilita mi voluntad de un último esfuerzo por descubrir el desenlace de esta tragedia.
puede que haya concluido. etapa tras etapa que conforme eternidades.
indiferencia donde hubo preferencia. prescindo de veladas que nublaban mis sentidos tiempo atrás.
trato de encontrarte donde antes, como siempre, anclado a mi memoria. pero en apariencia poco queda del motor de las pasiones.de las lágrimas derramadas en nuestras solitarias travesías. de los besos guardados bajo llave en nuestra epidermis.
se ha debilitado. pierde su color y desvanece en urgentes encuentros y rápidas despedidas. aunque aún no conciba la fugacidad de todo esto. aunque me niegue a mirar lo que la evidencia cuelga en mis pestañas.
es mi incondicionalidad. mi deseo. mis ganas de seguir adelante con esto, tras esfuerzos sobrehumanos, tras dolorosas separaciones, tras billetes comprados y aviones tomados.
se ha debilitado.
me he debilitado.
y no quiero caer en picado.

20 de agosto de 2011

suicidio unitario

y si creo fervientemente en la estructura estática de las personalidades. los ciclos cambiantes de las decisiones. la impredecibilidad del mañana. 
he originado un caos en mi subconsciente. al mezclar conceptos. al intentar adivinar el objetivo de las reencarnaciones. elevarse en la escala social. mejorar. 
la mejora implica cambio. el cambio no es factible más allá de la acumulación de errores y vivencias. la mejora es experiencia mas no cambio súbito. 
pero con el formateo mental del nuevo nacimiento, no volvemos acaso a partir desde cero. a partir desde nosotros mismos, desde nuestra naturaleza inherente, es decir, al mismo punto equívoco, a la escala social anterior, anterior y por subsiguiente ulterior. 
no es acaso inútil empezar de cero algo que ya habíamos logrado con esfuerzo y propias torturas erróneas.
más que inútil, no es acaso algo agotador.
y si mi cerebro, agotado, ya no recuerda mis vidas pasadas, estoy acaso ahora cometiendo exactamente los mismos errores que mis yo del pasado. o acaso es un futuro totalmente aleatorio, y cada vez que mi alma inicia desde cero nace algo absolutamente diferente condicionado por mi especia, raza, género, ambiente, clima y entorno.
o acaso la energía es otro de estos engaños globalizados que nos hacen pensar en una posibilidad de redención, y no somos más que carne trémula avocada a la putrefacción sin mayor trascendencia que el ciclo vital de la naturaleza.
la falta de signos de interrogación indica el determinismo de mi lógico planteamiento.
me dispongo a suicidarme, a ver si saco algo en claro.


9 de agosto de 2011

el infinito abarca todo




aquella mañana desperté con el sonido del romper de las olas. el mar amaneció calmo y luminoso, cubierto por una capa de destellos mineralizados. arena enredada entre los dedos. sal en las costillas. sudor frío recorriendo la columna. 
quise entender cómo llegué a la costa. en qué momento caí rendida al suplicio nocturno y me sumí en ese sueño inquieto de tempestades trasatlánticas. quise correr hacia la profundidad de la marea y de mis dudas.
volteé la mirada. hacia el mar. hacia tierra firme. a ambos costados. 
no encontré presencia alguna que perturbara mis sentidos. 
me arrastré entre suspiros a la orilla, y como hechizada por un cantar hipnótico, introduje mis dedos en el agua temprana. más tarde mis rodillas. 
cuando quise darme cuenta, aparecí flotando en puro azul aguamarina. 
enjugando mi sudor y mis preguntas. agotando mi calor.

aquella mañana, desperté por segunda vez entre sábanas frías y un ukelele en mis oídos.
paralizada por el blanco y el olor a arena húmeda que me rodeaba.
aquella mañana entendí que hace ya algún tiempo que mi subconsciente abandonó la tierra firme para sumergirse en la inestabilidad marina. en un rumbo acuático. paradero submarino. 
en una vida incierta que limita su predictibilidad.
donde el único punto de referencia se ciñe a esa luz idílica que aparece en el horizonte en las noches más turbias, en los días menos claros.
un camino que abarca la inmensidad del infinito. cuyo abanico de posibilidades pulveriza las puertas y ventanas, y como una explosión de potencialidad, arrasa con cualquier obstáculo.
el todo por la opción.
y ningún punto fijo al que agarrarse.

8 de agosto de 2011

lo mejor de su parte

encerrado en un gran abismo. rodeado por mil valles enverdecidos. sin carreteras de vuelta a ningún lugar, con una caravana averiada. sin esperanza ni compañía que le respalde. con cientos de preguntas atormentadoras. que martillean sus sienes al son del arrepentimiento. de la duda. de la incertidumbre.
uno de estos tipos con una moral demasiado férrea como para que un mínimo instinto egoísta se les pase por la cabeza. de los que sacrificarían todas sus voluntades por el bien menor, el bien ajeno, el bien común.
pensó que su inestable modo de vida no la alentaría a salir adelante, a luchar por sus sueños, a ser independiente. pensó que a su lado ella nunca podría llegar a ser tan grande como una vez soñó y se acabaría convirtiendo en la sombra de sus anhelos, en la mujer refugiada en sus principios sin carisma.
pensó que sólo podría ser ella sin él, y arrancándose del pecho todos los nudos que atrapaban su garganta la abandonó. sin previo aviso ni concienciación a la supervivencia. sin mediar palabra de consuelo o argumento lógico o racional.
y al mismo tiempo que la abandonaba a ella. abandonaba todo aquello que él siempre había soñado, todo lo que él sin inclinación por admitirlo, había necesitado para llevar una vida que relajara sus neuronas y le permitiera ser feliz. estaba abandonándolos a su suerte, a ella y a su propia persona, de un modo tan retorcidamente lógico que ningún guionista habría podido rechazar.

1 de julio de 2011

había algo en el ambiente de ese lugar que no le dejaba respirar con suficiencia. no era humo, ni polvo. no eran olores extraños ni penetrantes. era la sensación de dependencia que le creaban esas paredes de madera y esos suelos ennegrecidos. dependencia por la protección que le hacían sentir, por lo mucho que deseaba zambullirse bajo esas mantas y no salir en días. 
por el ansia de soledad y apacibilidad imperturbable que le transmitían. 
tras esos muros de viento apenas cambiaban las cosas. la ciudad seguía sumida en la tranquilidad y los vecinos imperturbables continuaban sus quehaceres cotidianos. pero ella se asfixiaba con tanta rutina e inamovilidad activa.
si nada iba a cambiar, que menos que el reloj se detuviera, que menos que no sentir que sus días pasaban sin sentido alguno, sin objeto determinado, sin lucro, sin fin, sin motivo.
era todo o nada, y a la hora de la verdad la decisión le quedaba holgada a su soledad.
sabía que lo echaría de menos. 
los ruidos. los olores. el frío.
la calle, la gente, la vida.
sabía que dentro de unos meses se vería impotente sumida en una nostalgia repentina. por aquello que no fue más que una burbuja en el tiempo. un paréntesis en la vorágine de desenfreno.
un respiro a su alma y su tormento. un descanso a la urgencia de sus días y calendarios.
sabía que lloraría.
pero a veces unas lágrimas palian mejor que cualquier otro remedio el tormento reprimido de una vida de impaciencia.



23 de junio de 2011

jodida mediocridad

he perdido la certeza, esa que te indica el norte de tus pensamientos, el origen de tus acciones.
he perdido la certeza de camino a casa, debe haberse caído al abrir el bolso o al sacar la cartera. debo haberla olvidado sobre la mesa de aquel bar, el que pasaba canciones de folk y servía tragos calientes.
o puede que mi subconsciente haya decidido que ya estaba bien de certeza, de fallar a una creencia, de no seguir a unos instintos de supervivencia básicos.
puede que me haya hartado de algo racional que no encaja dentro de mi. que se pierde entre el resto de mis impulsos. que no cabe en este pecho vacío de orgullo.
la certeza.
ya no estoy en lo cierto cuando digo que quiero lo que quiero. ya no estoy en lo cierto cuando quiero convencerme de que estoy haciendo lo que necesito.
puede que lo que perdiera, mucho antes de la certeza, fueran las fuerzas para soltar sin pelos en la lengua que estoy harta del autocontrol.
puede que siempre haya odiado esa repudiada certeza que encaja tus actos dentro de convenciones regulares.
no. quiero de vuelta la persecución de mis instintos. el tiovivo de la intranqulidad. la incertidumbre, los vuelcos de corazón. quiero no saber, intrigarme, buscar sin encontrar.
quiero volver al epicentro de la esencia. las idas y venidas del espíritu. quiero volver a ser yo, yo, yo misma y transeúntes desautorizados. basta de mediocridad.

9 de junio de 2011

zozobra

una abrumadora sensación de desconsuelo y un par de lágrimas sobre la frente. de estas bochornosas apatías que te azotan a la mañana temprano y perturban tus jornadas, de la primera a la última hora de un introspectivo día destructivo. 
sin razón aparente, con tanta justificación que miedo da pensarlo, son momentos de incertidumbre, cuando tus sentimientos desgarran tus pulmones y salen de tu cuerpo de la peor manera existente.
empiezas pensando en todas aquellas cosas pendientes, en un mísero significado de tu vida actual, en un futuro poco palpable. adelantas la nostalgia que sentirás en unos meses por aquello que está pasando a tu lado, o a través de ti, y vives en una zozobra de temporadas que trastoca tus cálculos y tu calendario.
quizás deberías estar aprovechando tu vitalidad actual, exprimiendo una vivencia que, según tu yo presente, tu yo futuro extrañará sobremanera, y que tu yo pasado aguardó con impaciencia.
pero nada consigue hacerte salir de esas sábanas, frías como témpanos.
nada te permite apagar esta lúgubre sintonía que te empeñas en escuchar, una y otra vez, de letras que apagarían hasta las ganas de sexo.
quizás no sea nada, sólo que hay días, inevitables e imprevistos, en que nos empeñamos en la invocación a una depresión palpable e inminente. y si todos nuestros sentidos se esfuerzan en que llegue, ésta no tardará mucho en desatarse.
afortunadamente, como todos esos maquiavélicos atentados contra nosotros mismos, lo aparente se cae por su propio peso y another sunny day nos azota con sus rayos solares y sus pájaros sinfónicos. puede que mañana, puede que dentro de tres días y 5 horas, pero me empeñaré en defender que desde el fondo siempre se vislumbra la aurora de una autosuperación.


6 de junio de 2011

qué

las palabras salían desbocadas de mis labios, los rozaban y escapaban con apremio rumbo a tus oídos, con más intenciones que verdades, con menos cordura que ingenio, y golpeaban tus tímpanos con violencia, acallando tus miradas, traduciendo tus retinas en incredulidad cierta, palpable. 
las mías observaban, registraban tus reacciones, como si todos mis sentidos hubieran planeado una descoordinación digna de un largometrajo de los Marx. como una máquina creada y específicamente diseñada para destruir cualquier ácimo de comprensión que quedara en tu organismo por mi alma.
alma, curioso concepto para un ente dedicado a sofocar pasiones y destruir compasiones. 
poco merecidas y altamente inflamables, susurran tus pestañas, calma, o quizá resignación. susurran que se apaguen mis ultrasonidos irrisorios y se larguen a otra parte. 
me he quedado, nos hemos quedado a solas. un mal incierto al que atenernos sin premura. porque después de la soledad y la devastación, sólo quedan pasos que se alejan del páramo de la inutilidad, y toditos van rumbo a un futuro, el que sea, algo diferente, algo menos destructivo, el mal menor del fin del mundo.


20 de mayo de 2011

ahora, donde sea

tantos deseos de libertad de expresión, de libertad de pensamiento, de libre movilidad. de nutrir nuestras mentes y nuestros corazones, de viajar, de experimentar, de ver el mundo. este mundo que nosotros estamos quebrantando, no directamente, o quizá sí, con nuestras permisiones a la basura de principios que promueven la sociedad actual. en europa, donde he vivido la mayor parte de mis días. aquí, en argentina, donde puedo remarcar algunas de estas conclusiones. pero no hace falta viajar a todos los rincones del mundo para saber que difícilmente alguna sociedad pueda tener un mínimo de decencia. bueno, no culpemos a la sociedad en su conjunto. al fin y al cabo, la sociedad somos tú y yo, el pueblo, cada uno de los que componemos este entramado de relaciones complejas. 
lo que sea, vivimos aletargados en un mundo donde las comodidades relativas nos impiden actuar con mayor coherencia, cordura, o riesgo. vivimos esperando a que nos lancen todo aquello que queremos o necesitamos, pero no moveremos un dedo más del necesario para conseguirlo. hay gente que vive sin más visión de futuro que un día a día. sin más preocupación que la elección del almuerzo, sin mayores deseos que los sexuales al llegar a casa. y qué somos, ¿animales irracionales consumidos por nuestros instintos básicos? ¿qué pasa ahora con Maslow y su maldita pirámide? ¿todos nos quedamos en el primer escalón?
afortunadamente no todos, pero unos pocos no cambiarán la mente de la inmensa mayoría, la mayoría que vive en su liviana opresión subliminal, la mayoría que reza para no ir al infierno y paga sus impuestos para no ir a la cárcel, pero nunca llegó a cuestionarse si algún motivo no le impide el absentismo en estas "obligaciones". joder, alguien tendrá que sentir la tentación de cambiar todo, alguien será capaz de ver que esto no está bien, no son comodidades, que más del 14% de la población mundial vive en la pobreza extrema, que lo de tener mente es por algo, que hay ideas que no son tan retorcidas como nos parecen a priori. algunos tendrán la base pero quizás no la esperanza. un puño contra el gran muro de hormigón que es este sistema no hará nada, no hay punto de objeción. pero miles de puños serán capaces de armar una grieta mínimamente extensa como para alarmar al sistema. y aunque no sea así, con que esta fuerza golpee y repercuta en las conciencias del resto de los ciudadanos, habrá bastado para hacerles ver que hay opción, que hay remedio, y que no estamos solos.

16 de mayo de 2011

en blanco y negro

algo frío como la nieve que nos rodeaba me traspasaba la epidermis y me erizaba las costillas. el humo de ese lugar, dulce y espeso, me nublaba la vista y los sentidos. sahumerio paralizante. quería abandonarme al paso del huracán pero sabía que no debía, no debía seguir tan profusamente a mis instintos sin pararme a valorar la situación. no había luz suficiente como para ver a más de medio metro, oía voces, gritos, nada más que un murmullo atorado en mis oídos. 
blanco y negro, una escena sepia en mi cabeza y una música de fondo, la Nouvelle Vague y mi noche con Maud rodando en mi subconsciente. sus ojos verdes, o violetas. era un color con v pero no alcanzo a darle forma, claro, en blanco y negro. pero da igual. no eran sus ojos los que estaban en mi punto de mira. sus labios, sus labios rojos, o rosados, o como quiera que fueran, que bebían y bebían de mi vino y mis historias, que rozaban mis pestañas, que hipnotizaban.
horas de alucinógenos y kilómetros de mujer. la droga o sus susurros. ya no sé qué me paralizaba más, qué me empujaba al vacío en su plenitud, qué me hacía dar vueltas a mi mente con las pupilas.
más frío. frío negro, frío oscuro.

blanco, blanco puro, blanco luminoso.
puede que cien orgasmos ocurrieran esa noche.
puede que mil palabras o millones de silencios.
el calor de la mañana ya cubría todo, ya derretía nuestros polos, ya me despertaba en la realidad. 
solo. mi día sin Maud, ella ya no estaba. apenas quedaban lagunas derretidas, catarsis mental, shock neurálgico. lamentos de soledad. ser un hombre atormentado que no necesita a una mujer.
encontrar a la mujer de sus sueños. ser tan cobarde como para no admitir un sentimiento. lidiar con el fracaso de ser un hombre atormentado que ha perdido a la mujer de los fotogramas de colores. volver al blanco y negro.

10 de mayo de 2011

hasta qué punto nuestra personalidad viene definida por la genética impermutable. 
me pregunto si yo nací así, con esta alteración de la personalidad tan grande y elocuente. me pregunto si él nació así, con esa aversión sexual que reprime los instintos. también me pregunto si ella nació con tanto sexo entre las piernas y carácter en la recámara. trastornos de la persona, traumas infantiles, shocks visuales, mensajes subliminales. qué es nuestro comportamiento y cuánta culpabilidad es achacable a nuestros actos. ¿el cien por cien? ¿qué tanta razón llevaba Rousseau al decir que el hombre es bueno por naturaleza? Si la gente no cambia, todos deberíamos seguir siéndolo. Si sólo acumulamos vivencias transformantes, algunas deberían ser tan sumamente graves como para dejar bien al fondo del alma esa bondad inherente y causar pensamientos impuros. Hasta qué punto se considera la maldad, a dónde llega la moralidad de los días actuales. traición, ambición, falta de humanidad, egoísmo. No llego a entender cómo definir esa línea intangible de la decencia, los límites de la persuasión, las ideas descabelladas. y me preocupa estar bailando en ese limbo, esa frontera que una vez cruzada, me destruirá por su propio peso y lejanía. hasta dónde he de llegar para averiguarlo. cómo saberlo sin cruzar esa barrera, ese punto sin retorno de la perdición espiritual.


30 de abril de 2011

cardio-vivencias

Hoy se me ha parado el corazón. Te he visto venir de frente, pausado, sin apremio. Con tu calma habitual, me has saludado, y yo he enmudecido ante tus ojos. Después has sonreído, "no esperaba verte por aquí", has dicho, y me has abrazado, o al menos has hecho el amago, ese intento de transmitir algún indicio de cariño hacia mi, rozándome ligeramente con tus dedos. 
Yo he seguido callada, muy quieta, y con los ojos bien abiertos. En condiciones normales habría saltado sobre ti, dejándote sin respiración. Pero hoy simplemente se me ha escapado la voz y los movimientos por los ojos, y no he podido dejar de observarte, de recordarte, de memorizarte una vez más.
Hoy, me has parado el corazón. Te creía a miles de kilómetros de mi, y estabas a la vuelta de la esquina, paseando tranquilamente, sin más preocupación que la de liar tu cigarrillo sin quitar los ojos de encima mío. Y yo, yo, nerviosa, incrédula, he vuelto a olvidar todo lo que tenía en mente, porque tú estabas ahí, mirándome y yo, yo también.
No acierto a describir esa calle, ni esa ciudad, ni tan siquiera la hora. Sólo recuerdo tus palabras resonando en mi silencio, y tus ojos. Esos ojos marrones que me traspasan la carne y los pensamientos, y la melodía de tu voz en mis entrañas, como ese algo que nunca ha llegado a separarse de ti, como ese todo tan ajeno que en realidad me pertenece. Hoy he vuelto a vivir algo que necesitaba. Hoy he despertado en un sueño que me acercaba a mis carencias. Hoy. Hoy se me ha parado el corazón.
Y sin embargo sigo viva, mucho más que hace unos sueños.





26 de abril de 2011

cerebro en mantenimiento

Me gustaría decir que nada es tan difícil como lo pintan y dibujan. A cien grados centígrados los pensamientos se vuelven en nuestra contra , febriles, el mundo se desmorona bajo nuestros pies, o sobre nuestras cabezas, y la lógica destructiva nos lleva a la perdición. A cien grados. Punto justo de ebullición. Momento culminante de los desencadenantes, trágico desenlace de los hechos en sí despectivos. Drama. Tragedia. Una gran perdición y ni una sola ventana desde la que lanzarse al olvido.
Pero las cosas, para bien o aún peor, se enfrían. Se distancian, se alejan, se disipan, se disuelven, se olvidan.
Y ya nada es tan trágico, triste, grave, dramático o crucial. La vida sigue, los días se estabilizan, y uno acaba asumiendo lo que hizo o dejo de hacer como algo estático, simple, ineludible, y quizás, con el paso del tiempo, hasta superable.

de ahí la carencia de necesidad de la tortuosa culpabilidad o represión, aprendizaje frente al suicidio destructivo, crítica constructiva al margen de desaparición moral. mejora, arribo al puerto de las almas purificadas, sucias y renovadas. sentir escalofríos, dejar pasar el tiempo ante los dedos, no actuar, no empeorar. permanencia vital pro-supervivencia.

paradójico autoconvencimiento. personalidad actual recordando catarsis. fin del punto muerto.


18 de abril de 2011

divino tesoro

Se propuso dar rienda suelta a sus sentimientos y ofrecerle un amor de manual. De esos amores de los libros de Shakespeare, de los que destrozan destinos y provocan tempestades. Los que rompen barreras y pronósticos, los que cruzan fronteras e impedimentos. Pensó que ella se merecía eso y más, un amor de los más grandes escritos, una pasión que conmoviera a la humanidad y provocara desalientos. Y, resuelto en sus movimientos, inició su camino hacia el épico desenlace de los días sombríos, las noches estrelladas y los corceles alados. Habría sido una conmovedora empresa de no ser porque ella, una mujer corriente, una chica resuelta y ocupada, no ansiaba dicho amor isabelino. No quería grandes contiendas ni duras batallas. Ni grandes hallazgos, ni ser tratada con delicadeza extrema. Ni poemas, ni cartas de amor ni baladas en el balcón. Ella quería un codo con el que trabajar, un hombro sobre el que sollozar y un pecho sobre el que dormir. Quería pizza y cerveza, rock e ibuprofeno por la mañana. Cine y conversaciones eternas, de política, de economía, de personajes de comedia. Mensajes privados en el facebook, su cumpleaños en Marruecos. 
Por eso, nada influyó en ese mítico "tal para cual", "pareja perfecta" o "el uno para el otro".
Por eso, lo simple se volvió complejo y nada pudo rescatar esa distancia abismal entre los deseos y las necesidades, por vivir en otros mundos, por vivir distintas vidas. Así lo inevitable se hizo causa y lo entendible se volvió razón. Porque el amor no son grandes pasiones, ni perfecciones, ni una fidelidad eternizada. El amor es lo que cada uno siente por la noche, cuando entre sábanas frías, entiende que la soledad no es buena compañera de viaje en el desierto.



10 de abril de 2011

pasaporte a la cuestionabilidad

y cuando amanece se retira el velo de la indiscreción. renace la conciencia y algunos latidos apagados en el fondo de la piel, como volcanes inactivos, expectantes. pensé que sería más productivo anclarme en el escepticismo y no dejar que ninguna palabra lograra alcanzarme la moral. pero resulta que cuando uno se establece en un conductismo tipificado, por muy atípico que sea, se aferra a un conformismo ideario. por ende, acabé resignandome a una carencia de creencias férreas, por regla más que por postulación, que no me dejaron ver la cuestionabilidad de mis principios. no me dejaron modificar mis pautas, restablecer mis causas, y renovar mis objetivos, si es que aún existen.
y ahora, anclada en la escena costumbrista, me observo a duras penas, sin criterios banales, sin motivos escuetos, con historias burdas y algo escabrosas, y no reconozco nada del idealismo que metí en esa maleta cuando decidí seguir de cerca mis pasiones.
puedes empezar de cero tantas veces como quieras, pero no puedes formatear tus ideales y pretender que tu identidad cambie por el simple hecho de cambiar absolutamente todo lo demás. ya no necesito pasaporte para saber quién soy y de dónde vengo, pero tengo muchas hojas pendientes por sellar, y mis destinos no aparecen nada claros.

7 de abril de 2011

un billete de ida

Cuando llegó, apresurada, muerta de miedo y remordimientos, no supo que decir. Ya no la esperaban, y aún así  corrió cuadra tras cuadra por simple orgullo, por no faltar, porque más vale tarde que nunca. Llegó y causó más indiferencia que estupor, impasibilidad, estática corpórea, caras largas y corazones fríos. No reconoció ninguno de esos rostros, ninguna voz conocida, ni un recuerdo antiguo. No era nadie. Quizá por eso se sintió tan reconfortada, segura y protegida. Quizá por eso quiso quedarse allí, donde hace años todo fue suyo y su corazón fue de todos. Donde hace siglos su alma se vió obligada a deshacerse en pedacitos de cordura para cada ser, y de tanto compartir se le acabó disolviendo el pensamiento.
Tuvo que irse, sí, para recomponerse. Por reconstruir la entereza que algún día fue suya y le acabaron robando los sentimientos. Tuvo que huir y, lejos de apoyarla, todos por quien ella se había desvivido le dieron la espalda.
Y ahora, nueva, entera, llena de criterios categóricos, había vuelto a tierra de nadie. Para recuperar lo que era suyo, para no volver a romperse por la sociedad, para gritarle a la cara a la indiferencia que ella no era nadie, ella era todos, y había vuelto para quedarse. Por mucho, mucho tiempo.

23 de marzo de 2011

generalización

gente que dice ser mejor de lo que es. gente que dice ser más de lo que puede. gente que dice tener más de lo que tiene. gente que dice ser feliz mientras se marchita por dentro. gente que, al fin y al cabo, intenta proyectar una imagen de sí misma que no le haga sollozar de impotencia y desesperación.
gente que no es feliz y no se mueve. gente que se queja y no hace nada. gente que se arrepiente pero no es valiente. gente que llora por las noches y se maquilla a la mañana. gente.
seamos como seamos, todos somos gente.

20 de marzo de 2011

a.

nada era más simple que su beso a la mañana, su risa absorbente, sus manos cálidas.
nada era más reconfortante que su mirada a través de la realidad, porque te perdías en su mundo, porque nunca pude encontrar el camino de vuelta a la cordura. sólo me hacía un hueco entre sus huesos y ganaba horas de inspiración para mi alma. sólo suspiraba y me tatuaba el roce de su piel en mis escamas. y después, durante eternas miradas, aprendía a desdibujarlo en carboncillo, retenía sus arrugas entre mis dedos, le robaba la integridad y lo volvía imprescindible. porque sabía, y aún tengo consciencia, de la fugacidad de esos momentos, del paso del tiempo cuando se vuelve tardío, del amor, en esencia, de todo lo que esa palabra pueda definir y significar para alguien ajeno al entendimiento.
el amor, ese gigante idiotipado, ese concepto indefinido, esa nebulosa perfumada, es, sin duda, algo sin lo cual una persona deja de ser tal, y no le queda más vida que esperar al apocalipsis.
sueno antigua. sueno joven para hablar de sentimientos que destruyen imperios, pero sueno a cierto. y acierto.

14 de marzo de 2011

paradoja de la imprecisión

Me encuentro perdida. Me he perdido en cuentos de ausencia y palabras encubiertas. Me he perdido en un mundo idealista lleno de imperfecciones. No fue lo que yo quise, ni donde yo me busqué, pero me he encontrado aquí, y ahora, y no tengo nada que reprocharme. 
La vida, tal y como la concebimos, no nos pone trampas, ni piedras en el camino. No nos depara un futuro escabroso ni nos aguarda a la vuelta de la esquina. La vida no es un ente con personalidad propia al que podamos culpar de nuestros errores ni agradecer nuestros éxitos. La vida es uno mismo. Mi vida, soy yo. Mi personalidad, mis miedos, pasiones y ambiciones. Podré existir, pero sin todo esto que me llena por dentro y me estruja las ideas, no estaría viviendo. Las acciones equívocas que me hacen pensar en quién soy yo, y qué es lo que estoy viviendo, me llenan de plenitud vital. Me hacen recordar que yo elijo, yo me equivoco y yo recapacito. Un ser racional dentro de uno mismo, todos lo tenemos, esto es cierto. Cuando la demencia nos alcanza, sólo queda esperar, esperar a despertar en nosotros mismos y ser juzgados, purgados y absueltos. Única y exclusivamente por nosotros mismos.
Hace tiempo me repudié. Muchas veces me rechacé. Me odié, me caí gorda, me arrepentí. En muchas ocasiones me hice llorar,yo, a mi misma, por creerme sin remedio, por escoger caminos erróneos, por actuar sin la mente. Pero otras veces, quizás menos, pero sin duda más imprescindibles, me entendí. Y comprendí que no hay caminos, no hay un puesto de vidas en el mercado y no elegimos la que más nos conviene. Nosotros somos nuestra vida. Y si realmente no nos gusta la vida que llevamos, nunca podremos llegar a amarnos como somos, y, por ende, tampoco podremos llegar a amar a nadie más. Desgraciadamente.


5 de marzo de 2011

la autoincomprensión

me traspasan las palabras de tranquilidad, me atraviesan la garganta desgarrándome por dentro. no se bien qué siento ni qué es lo que querría sentir. si todos los parámetros que me impongo corresponden con mis sueños, o simplemente es una ralentizada tortura que atenta contra mi misma. contra lo más profundo de mi ser y de mis sentimientos. si algún yo perverso ha tomado las riendas de todos los demás y conspiraron contra mi.
me resulta difícil definir la felicidad, la eterna utopía universal, porque cuando la mimo y cuido se desprende de mi lado, porque no se me ocurren palabras plenas que delimiten sus momentos, porque retroactivamente me da miedo no haberla tenido nunca, ni cerca ni lejos. porque cuando tengo lo que quiero le busco las cosquillas a mi suerte, porque ha sido difícil, y ya no me quedan ganas de seguir luchando contra mi misma. ya no. ya no quiero darle la vuelta a mis sentimientos.
lo diré, sin velo, sin oscuras metáforas, sin miedo. que lo que más me asusta es estar sola, y obligarme a afrontar ese pánico me quema los párpados y las pestañas.

2 de marzo de 2011

3, 2 , 1..

creía ser un meteorito propulsado desde el otro lado del mundo, desde el otro polo de ese magnetismo utópico que la invadía. creía poseer la fortaleza, el tesón y las agallas para quitarse la envoltura, ese plástico de serie con el que todos somos condenados un día y que dos tercios no se atreven a rasgar, creía poder, y levitaba, creía vivir, y sobrepasaba los límites de la gravedad. creía tanto, y en tantas cosas, que sus pulmones estaban llenos de proyectos y cuando respiraba contagiaba de idealismo hasta al último catastrofista del planeta.
y el creer, que no el querer, le hizo poder. pero como todo superhéroe, o en este caso superheroína, no contó con su talón de aquiles, con su kriptonita, el handicap que, rápido como la llovizna de verano, la dejó empapada, con el estómago lleno de nudos y la sonrisa quebrada.





Empieza Marzo y yo abro un nuevo ciclo. ahora sí, sola en Argentina, pocas monedas y mucho amor en los bolsillos para cuando nos volvamos a ver.

24 de febrero de 2011


hablo de un barco (podría ser un avión, un tren, o una mula cordobesa). hablo de un barco que embiste tempestades y surca marejadas. yo no estoy dentro, por supuesto. los barcos son para navegantes apátridas, que se pierden entre tierras y no cuentan cuentos de cuna. yo soy más de aire. más de nubes. de elefantes voladores con hexágonos plateados adornando su cabeza. no hay patria, pero no hay incertidumbre. multipátrida. ¿qué digo? la locura, no. aún no. digo que hay un barco que zarpa rumbo opuesto a mis ambiciones, pero no me atrevo a silbar. lluvia de ideas y pensamientos. tendría que atreverme, porque ese barco va cargado de irrealidad. voy a hacer llover hasta llenar mi pecera, y construirme un traje submarino. alcanzar ese dichoso barco y decirle, "eh, oye, querido, perdona pero tienes algo mío". y coger mi confianza justo donde la dejé, al otro lado del Atlántico. así volvería a alzar el vuelo y seguir viviendo colgada de las trenzas de la mamá atmósfera.



15 de febrero de 2011



Diez razones para batirme en duelo mortal contra la humanidad, las conveniencias, el futuro y los infortunios. Veinte razones para rehusar de la lógica y el razocinio. Treinta para ir, y cuarenta para volver a ir de nuevo. Cincuenta para pensar que todos los elementos astronómicos se alinearon en perfecta simetría, y sesenta para dejarme guiar por su luz. Setenta razones para patearme mil ciudades, perder dos mil trenes, ganar tres mil miradas. Ochenta razones para quedarme donde estoy, cuando estoy, como estoy. Noventa para pelear por algo idílico, ilusorio, casi casi irrealista. Y aún así, con semejante lista de razones preparada, pensada, meditada, estudiada, repasada y confirmada, no encuentro ni un solo motivo, ni uno solo, para decirte que te quedes a mi lado, o más bien, para pedirte que no te vayas.


9 de febrero de 2011


el dinero me da vueltas

26 de enero de 2011

gotas en llamas. llamas de lluvia.

maleta en mano y algunas palabras danzando por la mente.
sentada, la gravedad jugando con mis piernas y yo con mis ideas.
ahora que agoté mi tiempo de descuento
me pregunto por qué lo hice.
qué me llevó a querer autopropulsarme
a incitar los rumbos inertes
a alterar el compás de mi ritmo vital.
aún sigo aquí, pero llevo más tiempo fuera del que mi imaginación pueda llegar a recrear.
maleta en mano, y algunos sentimientos resbalando por mis dedos.
inquieta, nerviosa, emocionada.
triste.
atrapada en una llovizna de metáforas fugaces,
ya sólo me queda terminar con esto,
o, por alterar los sentidos,
empezar lo que llevaba toda esta vida esperando.



24 de enero de 2011






pérdida en la abismal brecha fantasma
que separa nuestros sueños
de aquello que algún día quisimos llegar a soñar
intriga alucinógena
búsqueda de un rumbo
que jamás seremos capaces de encontrar.

23 de enero de 2011

y de repente vuelve a nacer


Se quedó paralizada. Sin ritmo cardíaco, sin aliento. Sin palabras que expresaran su sorpresa, su desazón, su ira, su pena. todos esos sentimientos que, envueltos en sábanas de seda, había metido en una maleta y mandado en envío urgente a la otra punta del planeta. 
pensó que sería suficiente, una persona nueva en un lugar nuevo, con todo por conocer, sin nada de lo que desconfiar. podría dejar atrás todo ese pasado que durante años la había torturado, que durante años la había hecho perder sus ganas de vivir. podría ser otra, podría ser mejor.
pero no había contado con esto. no había pensado que su equipaje, por muy lejos que hubiera intentado enviarlo, la llevaba a ella por remite, y que tarde o temprano acabaría encontrándola, acabaría volviendo a ella, como ave a su nido, como pez a su río.
por un momento, se mundo se derrumbó de nuevo. se vio inmersa en su antigua espiral de caos, de intranquilidad, de tristeza, pero cuando quiso darse cuenta, ya no estaba allí. había pasado demasiado tiempo.
ya no había más congoja ni miedo, sólo había lástima, y recuerdos de algo que nunca debería haber pasado.
aunque si nunca hubiera pasado, ella nunca habría llegado a ser la salvaje que entonces era.





22 de enero de 2011

cuando el mundo se acaba sin quererlo

ella tenía cojones. y no, no me refiero a que fuera un tío con melena.
me refiero a sus agallas, a su fortaleza, a su valor.
no había problema que se le resistiera. no había obstáculo que la parara.
me fascinaba el modo en que se levantaba, sonriente, sin un solo signo de cansancio, y, preparando café, empezaba a gritar lo genial que iba a ser ese día. jamás la vi pararse a pensar acerca de nada por más de dos minutos, nada merecía la pena más que disfrutar, más que ser feliz.
los impedimentos se borraron de su vocabulario, como letras sacadas de un acertijo, no había pasado, no había futuro, y hablar con ella era como trasladarse a un universo paralelo, sin pesimismo, sin cansancio, sin tristeza, sin demasiados pensamientos.
habría seguido así, siendo una salvaje sin constancia del mundo, de no haber sido por aquel día. aquella tarde de marzo, aquel lunes grisáceo, aquel holocausto de la despreocupación, aquel momento en que él se plantó frente a sus ojos y le dijo "ya estoy de vuelta".


21 de enero de 2011

la calidad de las palabras

y en realidad, su silencio no era más tímido que ignorante. callaba por no saber. por creer no saber, por desgana de argumentar algo de lo que no estaba seguro. callaba por no decir que ellos sabían menos aún, que su ignorancia los eclipsaba y rebajaba a un estadio de ceguera sustancial. pero él seguía callando. por no descender a su nivel, por creer que saber no saber no es tan horrible como creer saber.
y así, sin saber lo que ocurría, poco a poco ellos pensaron que era un loco ignorante. sin opinión. sin criterio ni razón. hablar por hablar sin detenerse a hacer balance de conocimientos y experiencia.
él quizás fuera un genio, sí, digno maestro en potencia de modestia e inconformismo, aquello que tanto les faltaba, o quizás no, pero su silencio habló por él y él, ardiendo en necesidad, jamás se atrevió a contradecirlo.

(demasiadas palabras en voz alta y ninguna que hable en serio, demasiados pensamientos en bajo susceptibles de cambiar el mundo y la pasión por la vida)


13 de enero de 2011

contando cuento contigo

derramando la entereza en una espiral de incongruencias. se me desbaratan las cuentas si pienso en contarte, en contarte todo este tiempo sin ti. de rato a rato pienso que ahora me he vuelto de acero inoxidable, que ni miles de lágrimas conseguirían destrozar mi capacidad de regeneración, pero al poco me vuelvo de papel celofán, tan frágil y volátil que me asusta el viento si no es dentro de un avión, volando rumbo a mi resignación, tapada con cien mantas de algodón.

10 de enero de 2011

un halo de inspiración

y entonces, cuando ya fue demasiado tarde, cuando se le habían acabado los minutos de reserva, la cuenta atrás había tocado fondo y sus instantes ya estaban a años luz de allí, comprendió todo.
fue como una ráfaga de diapositivas, una corazonada con los ojos bien cerrados que invadió toda su oscuridad de luz incandescente. fue como saltar al vacío y a medio camino descubrir que ya no caes, que sólo subes, que te propulsas sobre tus miedos y vuelas hacia el entendimiento.
el pecho a reventar de expectativas y la furia disolviéndose en tu ignorancia.
fue en ese momento, alrededor de las seis de la tarde, entre casa y un atardecer de colores violetas, cuando comprendió que daba igual. que nosotros mismos causamos las casualidades, que la incertidumbre es lo que nos queda entre miedo e indecisión, y que no, nunca. ya nunca más se le acabaría el tiempo.
porque nunca es demasiado tarde para disfrutar de aquello que queremos, de aquellos a quienes queremos.

9 de enero de 2011

mi racionalidad se fue a dar un paseo
y cuando volvió se encontró con esto

6 de enero de 2011

la crítica social

chute de cafeína tras otro y los ánimos no se despertaban ni a golpe de motivación. cediendo ante los vicios de lo mundano, lo inmundo siempre anda al acecho. el reto es no ceder ante las incitaciones. 
aún me intriga la fragilidad de la voluntad y la firmeza del arrepentimiento, así como el que lamenta la prisión del cautiverio mas no la comisión del crimen. 
como si lo desconocido quedara oculto en nuestra posesión, como si lo oculto estuviera exento de juicio, como si lo no juzgado se tuviera por no sucedido. y así sólo aquellos hechos descuartizados por el populacho fueran susceptibles de aquel sentimiento de congoja. 
inusitada habilidad para olvidar los esmeros ajenos, corriente capacidad de detracción externa. podría hablar de sabiduría popular y me quedaría corta para expresar aquello de "ojos que no ven, corazón que no siente" , "la paja en el ojo ajeno" y " cree el ladrón que todos son de su condición".



1 de enero de 2011

amor en el idilio. amor en el exilio.

que perdones mi falta de cordialidad. que me susurres al oído lo que ambos ya sabemos. porque nunca me cansaré de oírlo. aunque sí, nunca digas nunca, nunca es mucho tiempo. nunca es para siempre y nada es más certero que la incertidumbre. pero da igual. a veces la falta de cordura me muerde las entrañas y entonces no me importa tener que inventarme chistes o canciones para que sonrías, sólo para eso. que agites mis pensamientos, que les des la vuelta y los coloques a tu antojo. da igual. haz conmigo lo que quieras. hoy, sólo hoy, el primer día del resto del mundo. un día como otro cualquiera, pero en el que el amor en el idilio se desnuda ante mis ojos.
Porque este amor en el idilio no es más que amor en el exilio, que duele, que agota, que apremia.
pero amor, al fin y al cabo.
el que hace que hoy te sienta un poco menos lejos, si medimos la distancia por la intensidad de mis latidos.


31 de diciembre de 2010

puestos a desear

Le habría encantado. Se habría muerto por un abrazo apretado, por un abrazo de esos que ella le daba cuando hacía algo mal y buscaba incesantemente un purgatorio de amor. Habría dado lo que fuera por que ella llegara y le abrazara por detrás, rodeándole con sus piernas, empujándole de la silla, pero sintiéndola tan cerca que se les unían las costuras. Habría dejado que le mirara durante horas, como hacía las mañanas de domingo cuando -decía- tenía que memorizarlo para poder sobrevivir el resto de la semana sin su olor. Habría permitido, con el mayor de los placeres, que ella hiciera todas y cada una de las cosas que a él le traían de cabeza, cualquier cosa que le sacara de quicio, con tal de volver a sentirla cerca, con tal de escuchar su respiración en la nuca una vez más.
Pero, por desgracia para sus deseos, a él le había tocado el papel de tipo duro. De hombre independiente, de bohemio liberado. y ya no podría elegir ser el tipo de hombre que llama a la puerta, ramo de flores en mano y una ristra de poesías para (re)enamorar.



29 de diciembre de 2010

aquello de esperar

Mi calma deshecha en minúsculas certezas por un torbellino de urgencia. Prisa, apremio, premura, acucia, aprieto. En definitiva urgencia. Una celeridad inherente a una naturaleza regada por los desplantes y desaires de individuos desafortunados. Ellos conformaron mis instintos y ahora me provocan. Provocan esta actitud desairada con quién no la fomentó. Hablemos claro ante la astucia viperina, ante la soledad desmerecida, ante la culpa asfixiante, ante causas perdidas.
La fortaleza dura, dura hasta que se agotan las ganas de ser fuerte. Ganas de pasar un mal trago. La fortaleza se acaba cuando ya no quedan lágrimas que te muestren evidencias. La evidencia de querer algo, de llorar por ello, de tener la necesidad de luchar y aguantar. Cuando no quedan lágrimas en la recámara. Cuando te da igual que se comunique, o que no. Cuando diez mil kilómetros ya no se pasan por alto, por bajo, y ni tan siquiera desapercibidos. Cuando extrañas sin ganas de seguir viviendo una realidad aparente. Cuando otras alternativas se desnudan ante tus retinas y ya sólo piensas, piensas, piensas en lo que fue, y lo que será no parece tan claro ni perfecto..




all rights reserved